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miércoles, 21 de junio de 2017

Los niños que nadie quiere adoptar en Colombia

Los colombianos le tienen miedo a la historia de un niño que no conocen. En un pasillo del Bienestar Familiar, con un parque de juegos al frente, es frecuente preguntarse de dónde viene el pequeño que está en el columpio. ¿Quiénes son los padres de la niña que va detrás de la pelota? ¿La madre biológica de esos gemelos habrá alcanzado a darles leche antes de ponerlos en adopción? Los enigmas son resueltos con especulaciones automáticas, que juntas forman un bloque tan fuerte como el concreto. Así surgen las ideas que estigmatizan y luego los retos que afronta la adopción en Colombia. Hay dos hermanos cogidos de la mano, caminan por el borde del parque. El niño debe tener 6 años, la niña quizás 4. El sol no tiene mucho efecto sobre su piel bronceada. Lo que sí resalta es el cristal de sus ojos verdes. De alguno de sus padres tuvieron que heredarlos. 


Henry Rivera y Gloria Echeverri tienen la misma edad, la misma casa y casi la misma vida, porque hace 20 años están casados. Viven en una finca en Subachoque, Cundinamarca. En su carro vienen de la congestionada Bogotá. El regreso ha sido en silencio, apenas cruzaron palabra. No es que hayan discutido. Se conocen tanto que pueden regalarse largos minutos en silencio, apenas comunicándose con gestos y miradas. A sus 46 años confían con ser papás. Nunca lo han sido y es imposible afirmar si siempre lo han querido ser. Lo único cierto es que hoy tienen corazón para agrandar la familia.

Iniciaron el proceso de adopción en febrero, después de pensarlo muy bien. Por ser mayores de 45 años solo pueden aplicar a niños con características y necesidades especiales, una condición con varias definiciones. Por ejemplo, niños mayores de cinco años. O, también, niños con una discapacidad física o una enfermedad mental de cualquier edad.

Henry y Gloria lo intentan. El hecho es que quieren ser papás y punto. Del niño o la niña negra, blanca, india, mestiza. En las valoraciones psicológicas y sociales lo han dicho y los funcionarios de la Casa de la Madre y el Niño lo están validando. El estudio que en resumen certifica su disposición es riguroso. Del diagnóstico depende que el proceso sea corto o largo. Los psicólogos deben salir de dudas. ¿Su paternidad y maternidad es un pretexto para dar vida a un matrimonio estancado? ¿Realmente hay relación?  En el carro entran a su finca por una portería que está a trescientos metros de su casa.   

“La mayoría de gente quiere adoptar niños de 0 a 4 años, sanos”, sostiene Adriana Chaves, psicóloga de la Fundación para la Asistencia de la Niñez Abandonada (FANA). Sus 20 años de experiencia en adopción sustentan su conocimiento. Afirma que a Colombia le falta cultura a la hora de acoger a un menor, aunque reconoce que los avances son lentos, pero enormes.  “Los chiquitos sanos consiguen familia rápido, incluso hay una lista de espera de papás potenciales y a los extranjeros se les restringió el acceso por el exceso de solicitudes. En cambio, los niños más grandes no encuentran quién esté dispuesto a adoptarlos”, anota.

Justamente, son las personas de otros países las que más se interesan  por aquellos niños que crecen mientras esperan en un programa de adopción. “Hay mujeres solteras en el exterior que incluso adoptan niños de 10 años en adelante. En FANA tenemos el caso de una que adoptó tres. Hoy hay grupos de hermanos para adoptar”, explica. 

En una reunión los amigos de Henry y Gloria les preguntan si ellos pueden elegir al niño que quieren adoptar. Lo niegan con la cabeza. ¿Y bebés? Tampoco, porque tenemos 47 años, dice Gloria. ¿Sólo niños grandes?, los cuestionan.  ¿Qué es un niño o una niña grande para usted?, pregunta Henry.

El amigo piensa, su mirada titubea. ¿Uno de más de 3 años? Cuando Gloria explica que solo pueden aplicar a la adopción de niños con características y necesidades especiales, ella y su esposo se ríen al ver las caras de sus contertulios. Después de una mirada cómplice, Henry saca su celular del bolsillo y les explica qué quiere decir eso de 'niños con características y necesidades especiales': “Son los mayores de 5 años. O quienes tienen una enfermedad permanente, como problemas cardiacos o renales, entre otros. Los que vienen de a tres o más, por ser hermanos. Y el adoptante deberá tener más de 25 años y 15 años de diferencia con el adoptado”. 

Para Bárbara Escobar, directora de la Casa de la madre y el niño, el debate  que generó el referendo contra la adopción por parte de solteros y homosexuales oculta el problema real. “Existen más de cinco mil niños de características y necesidades especiales que nadie quiere adoptar. ¿Qué vamos a hacer para que tengan otra oportunidad, más allá de los programas de adopción?”. Ni los solteros, ni los heterosexuales, ni los gays los voltean a ver, como si en el imaginario colectivo apenas existieran los niños pequeños. “El referendo promovido por Viviane Morales es una distracción, hay que reenfocar la discusión, el problema es quién va a acoger a estos cinco mil niños”, dice. 

Los mayores de 4 años afrontan numerosos estigmas. “A las familias les da miedo la historia, por eso es que no adoptan niños grandes, les da susto el pasado que vivieron”, explica la psicóloga Chaves. “Los adultos ya están entendiendo que los menores en el programa de adopción ya pasaron por un proceso terapéutico que les permite estar en paz con lo que vivieron y abrirse a la posibilidad de tener una familia distinta”. 

Segundo estigma: temor a que no los vean como papás. “Este proceso toma tiempo, porque las relaciones, así sean con un niño chiquito, se construyen a partir de la cotidianidad. Por desconocimiento, algunos dicen que los niños vienen con mañas propias o de su familia de origen. Y lo que uno como psicólogo les dice es que no, que ellos aprendieron una forma de funcionar, que logran adaptarse. A los que aplican les hablamos mucho de la resiliencia y lo que significa salir fortalecido de las experiencias difíciles. Esos niños tienen una capacidad resiliente muy grande y logran, finalmente, vincularse con estas personas y verlos como sus papás. 

Tercer estigma (quizás el más complejo): el económico. Tener un hijo no es igual a tener dos hijos. Las familias analizan desde el bolsillo y no desde el corazón. Para combatir cualquier reto, Bárbara Escobar tiene una recomendación que sale de su alma y, paralelamente, se fundamenta en la razón: “Cualquier papá y cualquier mamá, a la hora de adoptar, tiene que seguir el mismo proceso que seguimos los padres bilógicos. Cuando yo voy a tener a un niño, no le voy a pedir a la naturaleza que mande un ojiazul, ni que me mande un niño que mida dos metros, ni uno inteligente, sin problemas. El que vaya a adoptar tiene que tener el corazón abierto, igual que cuando tienes un hijo biológico. Venga como venga, igual lo va a adorar. Tenemos que hacer algo por los niños que no quieren adoptarlos. Cómo es posible que en Estados Unidos los adopten con los ojos cerrados y nosotros aquí no. Deberíamos aprender de su generosidad”.

Una vez superadas las pruebas psicológicas y siquiátricas, Gloria y Henry se empiezan a sentir embarazados.  La ansiedad escala: estar en lista de espera puede ser un camino superior a nueve meses. Henry ha escuchado historias de padres que han aguardado cuatro años. Los psicólogos y trabajadores sociales en la Casa de la Madre y el Niño han sido sinceros con ellos. Les dieron la confianza para que llamen cuando lo consideren necesario. Henry se comunica un día, luego el otro, y así de lunes a viernes para preguntar si ya hay un niño o una niña. La psicóloga les pide paciencia: “No han pasado cuatro meses desde que decidieron aplicar”. Henry cuelga con un presentimiento. Un día de estos él no será quien va a llamar sino que de la Casa se van a comunicar para dar buenas noticias. 

Los inquieta desconocer si será niña o niño, su edad, su salud, su cara y sus rasgos. ¿Será pequeño o alto? Seguramente será un pequeño. ¿Y si son unos hermanitos?  El día que los llaman efectivamente se cumple el pálpito. Hay un niño de 6 años y una niña de 4, hermanos. A Gloria y a Henry los pensamientos se les devuelven al plan inicial, que era adoptar un niño, no a dos. Este es el presente y están frente a la posibilidad de cristalizar su embarazo. Ya les han medido el corazón. Son las 5:00 p.m. Hay tiempo para ir al centro comercial a comprar dos camas. Aceptan sin dudarlo, lentamente, como si se estuvieran quitando un peso de sus espaldas. Mañana los hermanos Rivera Echeverri los esperan en la tarde. 

La paternidad inicia en el momento en que compran ropa, los enseres para la habitación que tenían desocupada, la comida, dos cepillos de dientes. Quieren estar preparados para todo, que no les falte nada. Sienten un montón de movimientos en el pecho, indefinibles, como si se les erizara la piel de adentro. Pero no son movimientos, son sentimientos. 

Al día siguiente se visten como quien va a una reunión de entrega de notas en el colegio. No han podido dormir. De la ternura es fácil dar el paso a la angustia.  El encuentro es en una sala soleada, de ventanas grandes, con una mesa larga y sillas. El oxígeno entra partido, a pedazos. La presión se eleva. Henry y Gloria saludan a Sebastián y a Sofía.  Primero se memorizan las caras antes del abrazo. Es el primer vínculo de sus vidas. Más que amor, hay cariño. Y mucha nobleza de parte y parte. Es evidente el susto, la torpeza de los gestos, la estatura de Sebastián, que debería estar más alto y con mayor masa muscular. La sala es un acelerador de partículas. Ahora se viene el viaje en carro de Bogotá a Subachoque. Los hermanos caminan agarrados de la mano. El hombre y la mujer que van en los asientos de al frente, son sus papás.

Henry y Gloria tienen un desafío en la educación y la salud de sus hijos Sebastián y Sofía. Si ellos quisieran matricularlos en un colegio público, no será fácil conseguir los cupos. Pero no es su caso. Ya tienen definida una institución privada.  En cuanto a su salud, como ninguno de los dos sufre una enfermedad preexistente, el plan complementario los aceptará.  Los Rivera Echeverri tienen suerte, porque si fuera al contrario, si no pudieran pagar un colegio privado o uno de los dos sufriera de epilepsia, el sistema sería implacable con ellos.

En su nueva casa, Sofía y Sebastián se ponen a llorar porque un viejo labrador se les acerca. Les da pánico, lo ven como una amenaza. Es la primera vez que ven a un perro.

En la cena, sus papás les preparan carne, arroz y ensalada. La porción servida es como para un adulto. Los hermanos se las arreglan con los cubiertos, todavía no saben cómo usar el cuchillo y el tenedor. Sofía se defiende mejor con la cuchara.

En el colegio, Sebastián acompaña a su hermana hasta el salón de clases. No permite que otros niños se le acerquen. Es territorial y, a veces, pendenciero. Por puro orgullo se pierde de hablar con sus nuevos compañeros. Pero pronto se sentirá de ahí. El arraigo se construye en cuestión de meses.  

La primera semana de convivencia, Sofía llora con frecuencia cuando no se entiende con sus papás. Henry y Gloria no tienen muchas ideas sobre cómo fijar límites a un niño. En uno de los talleres les explicaron posibles situaciones, como las pataletas. Y les hablaron de cómo construir autoridad sin ser severo. Les va a tocar aprender a regañar, a decir no, a castigar con tino y no con garrote. 

Familiares y amigos les preguntan por la crianza. “Los niños se adaptan más rápido de lo que imaginamos”, responden con convicción.

Los menores de edad con características y necesidades especiales no tienen quién los adopte en Colombia.

Un menor que es abandonado en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, automáticamente, es declarado en situación de vulnerabilidad. Se le asigna un defensor de familia que determina su adoptabilidad, tras un estudio dispendioso, en el que por ley debe explorar al máximo su familia extensa (abuelos, tíos, primos, primos segundos) o su familia solidaridaria (padrinos y madrinas), en busca de posibles responsables. El proceso puede durar hasta siete años, lo que reduce drásticamente sus posibilidades de ser adoptados. 

Se estima que hay 1.180 defensores de familia a nivel nacional y cada uno recibe un promedio de 30 casos al mes. Entre enero y abril, en la Casa de la Madre y el Niño han adoptado 30 con características y necesidades especiales. La meta en el 2017 es superar los 82 menores que fueron acogidos el año pasado. 

529 familias residentes en España estuvieron en lista de espera en el 2016, seguidas de las 344 ubicadas en Francia.

Texto: Carlos Torres
Fuente: CROMOS

lunes, 13 de febrero de 2017

En Colombia hay más de un millón de niños huérfanos

Rafael Afanador, director de la Fundación Internacional Maranata, aseguró que actualmente en Colombia hay más de un millón de menores de edad huérfanos. El vocero de  esta organización internacional aseguró que lo más preocupante es que más del 80% de los casos se presenta debido a la situación de miseria de muchos de los padres que deciden entregarlos al Bienestar Familiar porque no tienen cómo mantenerlos.

“Lo que hemos visto es que hay más de un millón de menores en el país en situación de orfandad, ya sea porque falta uno de los padres o porque los padres prefieren dejarlos ‘botados’ en alguna parte, porque no cuentan con los medios para mantenerlos”, dijo Afanador.

Indicó que “lo que hemos observado a través de este estudio es que el Bienestar Familiar protege a 112 mil de estos menores y que la situación cada vez es más compleja con el tema de los embarazos en adolescentes, especialmente en las poblaciones más vulnerables”.

El director de la Fundación Maranata advirtió que, según el más reciente informe del Wold Family Map, Colombia también registra el índice más alto de huérfanos en América Latina. “Son lamentables y tristes los índices que registra Colombia y América Latina con estos índices de menores huérfanos, además de otros países como Brasil y Argentina; es alarmante esta situación”, precisó.

Ante esta situación, entre el 31 de enero y el 3 de febrero se celebró la primera Cumbre Global por un Mundo sin huérfanos, con la que se buscó informar y crear conciencia sobre las alternativas de protección y apoyo a los menores.

Fuente: rcnradio.com

miércoles, 26 de octubre de 2016

El fallido sistema de adopciones de Colombia

A más de 21.000 menores colombianos que hoy están bajo protección del ICBF se les extingue día a día la posibilidad de tener hogar dentro o fuera de Colombia. Un drama humano y social cuyas consecuencias están por verse.

Un bebé de apenas 3 meses quedó enyesado desde las piernas hasta los hombros por cuenta del maltrato que le propinaron sus padres biológicos. Tras recibir la atención médica necesaria, el pequeño fue trasladado del hospital a una institución de protección. Y de inmediato se ganó el corazón de todos cuando llegó forrado en yeso y sonriente. Era más que conmovedor ver en él tanta desgracia y al mismo tiempo su risa aún sin dientes. Con el pasar del tiempo se recuperó plenamente, y de su infortunio de hace casi tres años solo conserva la alegría. Pero el niño sigue en la institución de protección, atado a complejos trámites judiciales: aunque está claro frente a la ley que no volverá con sus padres agresores, su situación legal no se ha resuelto lo que impide entregarlo en adopción a una nueva familia.



El limbo en el que está este pequeño no es un caso aislado. El drama se repite por miles. Cada mes cerca de 2.000 menores engrosan el sistema de protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), que tiene 112.504 niños actualmente. El ICBF es la autoridad, pero en el país también ocho instituciones privadas están acreditadas para desarrollar el programa de adopción. Entre las más reconocidas están Los Pisingos, Cran, Fama y Casa de la Madre y el Niño.

Los menores de edad cuyos derechos son gravemente vulnerados ingresan al sistema de protección. Bien puede ser en una sede del ICBF o en una institución autorizada, donde les proveen lo básico. Según la ley, los infantes allí deberían permanecer máximo seis meses, tiempo en el que los defensores de familia tienen que surtir un proceso administrativo de restitución de derechos. Según cada caso, el defensor debe determinar si devuelve al niño a su familia original o si lo declara ‘en adoptabilidad’.

El gran lío del sistema es que de 25.056 niños y adolescentes institucionalizados un 60 por ciento está en el limbo: ni se les retorna a sus hogares de origen, ni reciben la declaración legal con que se da apertura al proceso de adopción. De acuerdo con el ICBF hay 14.914 menores declarados en vulneración de derechos y a la espera de definir su situación social y legal. Algo que puede tardar años, lustros, y en no pocos casos la niñez entera.

Los defensores de familia, funcionarios del ICBF, tienen la potestad de tomar la determinación, pero se abstienen de ello por temor a incurrir en faltas disciplinarias, pues deben cumplir el Código de la Infancia y la Adolescencia y a su vez los desarrollos jurisprudenciales de la Corte Constitucional. Y el tribunal ha emitido una serie de decisiones en las que profundiza los procedimientos con miras a garantizar los derechos de los menores. En la sentencia más controvertida, la T-844 de 2011, la corte exige que antes de que un menor sea declarado en adoptabilidad se agote la búsqueda de hogar entre sus parientes hasta el sexto grado de consanguineidad. El resultado es que los defensores no pueden definir con prontitud sin exponerse a una sanción de la Procuraduría, y mientras tanto los menores crecen sin hogar en las instituciones con un gravísimo impacto en su desarrollo emocional.

A esos casi 15.000 menores en el limbo hay que sumar otros 6.367, quienes aunque ya son adoptables tienen muy pocas posibilidades reales de dar con un nuevo hogar. Integran este grupo los niños mayores de 10 años, grupos de tres o más hermanos, y menores con problemas de salud que requieren un tratamiento especial.

Así que el panorama es abrumador: más de 21.000 menores cuya infancia se extingue día a día en el sistema de protección, ya sea porque están en el limbo jurídico o porque crecen en medio de la llamada lista de “difícil adopción”. El año pasado hubo 1.082 adopciones en toda Colombia. “Realmente hay una sola oportunidad, cuando uno es pequeño, porque después se pasa a ser un muchacho y es más difícil. Toca entonces crecer en el sistema y luego a los 18 años para afuera, mire a ver cómo se defiende en la vida”, dice Kael Sánchez, un joven de 22 años que se hizo adulto en el sistema.

“Indudablemente, buscar la familia extensa de un niño hasta el sexto grado de consanguinidad impuso una mayor complejidad pues extendió los tiempos de la búsqueda. Sin embargo, logramos subsanarlo con la reforma a un artículo del Código de la Infancia y la Adolescencia. A partir de su vigencia la búsqueda de parientes para la ubicación en medio familiar se realiza en el marco de la actuación administrativa, esto es, durante los cuatro meses que dura la misma, o de la prórroga si fuere concedida”, dice Cristina Plazas, directora del Icbf.

Crecer en una institución y no dentro de una familia produce múltiples efectos en el desarrollo de los menores. “Los niños que crecen en instituciones lo hacen con una falta de referencia, de seguridad. Les falta saberse y sentirse importantes para alguien. Para desarrollarse normalmente todo niño necesita que alguien esté loco por él y eso es lo que falta en las situaciones de cuidado colectivo”, explica el doctor Jesús Palacios, experto en psicología y protección infantil.

Un agravante adicional es que a muy pocos adultos con posibilidad de incidir en esta grave problemática les preocupa el asunto. En el Congreso el año pasado hubo una discusión al respecto, convocada por la representante Esperanza Pinzón, pero lastimosamente no logró tener mayor trascendencia. “Los niños no dan votos”, dice alguien que participó en el lánguido debate.

En un nuevo intento por lograr que todas las partes implicadas discutan y se planteen alternativas, una alianza de instituciones autorizadas para operar el programa de adopción está convocando al Primer Congreso Latinoamericano de Adopciones que se realizará en Bogotá (27 y 28 de octubre). Al encuentro vendrán expertos internacionales a discutir la situación de los miles de niños que crecen atrapados en un sistema que por pretender ser muy garantista los está haciendo prisioneros. Al fin y al cabo, les está negando, así sea con las mejores intenciones, las posibilidades de crecer en un hogar donde sean la alegría de la casa.

Fuente: Semana

domingo, 27 de marzo de 2016

Los colombianos tendrán prioridad para adoptar frente a las familias extranjeras

La Sala Plena de la Corte Constitucional avaló la norma que advierte que al momento de un trámite de adopción de menores de edad habrá prioridad para las familias colombianas que presenten su solicitud frente a una extrajera.

Explicó la Corte que con esa decisión no se afectan los derechos fundamentales de quienes realizan los trámites para adoptar en el país, pues la ley es clara en señalar que cuando una familia colombiana esté residente en otro país y haya presentado su solicitud de adopción al Instituto de Bienestar Familiar, debe darle la prioridad frente a la extranjera.

Para la Corte Constitucional no existe discriminación pues lo que se busca es el bienestar de los niños colombianos que buscan un hogar acorde a sus arraigos culturales.

Fuente: Caracol.com


miércoles, 14 de octubre de 2015

El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar anima a adoptar niños mayores de 8 años o con necesidades especiales

Con una invitación a colombianos y extranjeros para adoptar y brindar a los niños y niñas que hoy en día se encuentran bajo protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar -ICBF- la oportunidad de tener un hogar y crecer en familia, la directora General del ICBF, Cristina Plazas Michelsen, presentó la campaña ‘Cuando das amor, renaces’ a través de la cual busca sensibilizar a la sociedad sobre la importancia de garantizarles a todos estos niños el derecho a tener una familia y a construir sus proyectos de vida.



La directora señaló que aunque en los últimos 5 años han sido adoptados por familias nacionales o extranjeras 10.277 niños, niñas o adolescentes, desde el 2012 a la fecha las adopciones se han reducido en un 62% pasando de 1.465 niños, niñas y adolescentes adoptados en el 2012 a 768 niños con familia adoptiva este año.

“Tenemos una gran preocupación y es que los niños y niñas se nos están quedando en los Hogares de Protección, especialmente aquellos que llamamos con características especiales porque son grupos de hermanos, mayores de 8 años o presentan algún tipo de discapacidad o problemas de salud permanentes. Ellos tienen derecho a tener una familia, son niños y niñas maravillosos, que sueñan con unos padres, con unos hermanos, por eso nuestra campaña se enfoca en ellos”, manifestó.

En este sentido, señaló que actualmente hay 4.850 niños con necesidades especiales en espera de una familia que los adopte, de ellos el 69% (3.337) tienen entre 13 y 18 años de edad y el 31% restante son menores de 12 años.

Plazas Michelsen reiteró que no es cierto que las familias extranjeras tengan un tratamiento diferente a las nacionales pues en los últimos tres años aumentó el número de niños, niñas y adolescentes adoptados por familias colombianas con un 53%, frente a un 47% de las familias extranjeras.

“Aunque la ley da prelación a las solicitudes de las familias colombianas, las más interesadas en adoptar son extranjeras, ellos son más receptivos a proteger niños, niñas y adolescentes con características y necesidades especiales, por eso la percepción errada que se tiene de que son quienes más adoptan”, explicó la funcionaria.

Justamente, de los 10.277 niños, niñas y adolescentes que fueron adoptados durante los últimos cinco años, 4.385 niños, niñas y adolescentes presentaban características y necesidades especiales y el 75% de ellos fueron adoptados por familias extranjeras.

Actualmente existen 368 solicitudes de adopción de familias colombianas esperando por niños, niñas sanos, con edades entre 0-6 años de edad y 2.281 solicitudes de familias extranjeras en lista de espera, 123 aceptarían niños con alguna condición leve o recuperable de salud.

“Hacemos un llamado a esas familias que sueñan con dar amor, para que abran las puertas de sus hogares y brinden a estos niños y niñas y a ellos mismos la oportunidad de renacer y dar amor incondicional”, puntualizó.

Fuente: LBR

lunes, 22 de junio de 2015

La comunidad gay colombiana persigue la adopción de niños como un medio para legitimar su preferencia sexual

Alejandro Ordóñez Maldonado dirige la Procuraduría General de la Nación desde 2009, tras ser reelegido en 2013 para un nuevo periodo de cuatro años. Desde su llegada convirtió la lucha contra la corrupción en un eje de su mandato, conforme a las competencias de dicha importante institución colombiana en el control judicial y administrativo de los gobernantes y funcionarios y en la defensa de los derechos de los ciudadanos. 

Nacido en 1955 en Bucaramanga, Ordóñez es doctor en Derecho y Ciencias Políticas y ha sido concejal, juez y profesor universitario, completando una larga trayectoria de servicio público. Miembro del Partido Conservador y católico confeso y practicante, su tesis doctoral de 1979 versó sobre los Presupuestos fundamentales del Estado católico y ha escrito dos obras denunciando la ideología de género: Ideología de género: utopía trágica o revolución cultural (2006) y El nuevo Derecho, el nuevo orden mundial y la revolución cultural (2007).


En torno precisamente a estas cuestiones respondió durante una reciente estancia en Madrid, donde el pasado 28 de mayo pronunció una conferencia en la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación sobre La justicia y el derecho ante el conflicto.

- Actualmente la Corte Constitucional colombiana está pendiente de decidir si permite la inscripción y formalización como matrimonio de uniones entre personas del mismo sexo. ¿Cuáles son las argumentaciones jurídicas de la Procuraduría General para esta cuestión?

Mi postura personal es que la familia es una institución natural, en tanto base histórica y biológica de la sociedad humana, y no un invento del hombre. Por eso no es fruto de la voluntad general, de la ideología de moda, o ni siquiera del derecho positivo. Por el contrario, lo que las constituciones, los instrumentos internacionales y la ley hacen es reconocer –que no establecer– la familia como núcleo e institución básica (e insustituible) de la sociedad, en tanto que constituida por un hombre y una mujer y, por tanto, capaz de generar nuevos seres humanos (y nuevos ciudadanos) y con el derecho y el deber natural de educarlos. 

Por eso nuestra postura institucional es que el artículo 42 de la Constitución de 1991 es diáfano en señalar que la familia se constituye por la unión de un hombre y una mujer. Ahora, en la sentencia C-577 de 2011 la Corte Constitucional cambió su jurisprudencia y dijo que la familia es una institución “maleable” e indeterminada, que se constituye por la mera convivencia y por la existencia de vínculos de afectividad y solidaridad, por lo que la diferencia sexual no es de su esencia. 

-¿Cómo valora la consideración como matrimonio de las uniones homosexuales desde el punto de vista de la adopción y de la protección de los derechos de filiación y mejor interés del menor?

Para la Procuraduría es claro que la adopción no es una institución creada para satisfacer los deseos de los adultos (tener hijos cuando por alguna razón no pueden) sino para garantizar el derecho y el interés superior de los niños y a tener una familia. Pues bien, este razonamiento sencillo y contundente desde el punto de vista jurídico y desde el sentido común, obviamente hizo crisis cuando la Corte Constitucional cambió la noción de familia. Y, como consecuencia de ello, el lobby gay o LGTBI pasó inmediatamente a pedir la adopción. 

Primero lo hizo equivocadamente pretendiendo defender el derecho a tener una familia de las parejas del mismo sexo y bajo el argumento de que como había dudas sobre si esa posibilidad era buena o no para los niños, pues había estudios en ambos sentidos, entonces esa duda debería resolverse en favor de esas parejas. Y ahora, advirtiendo de ese error y con algo más de astucia, lo pretende queriendo defender el derecho a la familia de los niños pues, aseguran, muchos son los niños que están en centros del Estado y no son adoptados, al mismo tiempo que no hay ningún estudio (ahora ya no) que diga que esta adopción afecte el bienestar de los niños. 

Nosotros obviamente no preferimos ni queremos que los niños pasen toda su infancia en esos centros, claro que no. Por el contrario, hemos hecho todo lo posible para que en nuestro país mejore la institución y el proceso de adopción, las cuales tienen muchos problemas desde hace muchos años. Pero creo que es muy deshonesto instrumentalizar a los niños, incluso manipulando las cifras sobre los niños en condición de adoptabilidad, a fin de promover la agenda favorable a la adopción gay o la llamada “adopción igualitaria”. 

El debate claramente nunca ha sido sobre los niños y, mucho menos, sobre los niños que en Colombia están en esta situación (de hecho este lobby también promueve la adopción “igualitaria” en países donde no hay ni mucho menos los mismos niños en esas condiciones, ¿verdad? Así como también promueven y pretenden la adopción de niños procreados artificialmente). Este debate es sobre sus deseos. Y, es más, la adopción de los niños la persiguen como un medio para legitimar su opción o preferencia sexual. 


Los grupos LGBT tuvieron que admitir al principio que hay estudios que muestran posibles daños a los niños adoptados por parejas del mismo sexo, así que cambiaron de estrategia.

Pero yo no soy científico ni creo que este debate pueda darse con estudios científicos, pues lo cierto es que los hay favorables y desfavorables a lo pretendido y, de hecho, incluso hay muy poca información disponible pues, precisamente, todo esto es muy nuevo, pues prácticamente comenzó a pretenderse en este nuevo siglo que recién comienza. Y además, me pregunto, si la otra parte dice que la naturaleza humana no existe (y por eso se opone a todo argumento que la invoque), entonces ¿para qué los estudios? Es decir, qué estudia la ciencia sino la naturaleza humana, ¿los deseos o las preferencias? 

El punto, entonces, es que las sociedades y los Estados, al menos hasta ahora, lo que siempre han querido para los niños (sus hijos, su futuro), es darles lo mejor posible. De igual forma, hasta donde nos enseña la experiencia no hay nada mejor para los niños que crecer en un hogar con papá y mamá (esto es, los dos sexos, pues son sólo dos, la ideología de género no tiene absolutamente ningún fundamento) y, como también lo ha demostrado la ciencia (la psicología, por ejemplo) y se demuestra cada vez más, es muy grave para los niños verse separados (por muerte, separación, enfermedad, etc.) de su padre o de su madre, o carecer de alguno de ellos. Y esto es precisamente lo que no se puede ofrecer a los niños con parejas homosexuales, un padre y una madre. Por eso digo: no se los quitemos o los dejemos sin ellos para suplir el capricho o el deseo egoísta de los adultos. Y tampoco experimentemos con ellos. 

-¿Existe una demanda social en Colombia para una ampliación de los supuestos de aborto declarados constitucionales en 2006, o se trata de una presión política? ¿Encajaría en el derecho colombiano una ley de plazos que estatuyese el aborto como derecho, sin protección para el no nacido durante un cierto periodo del embarazo?

No existe una demanda social para ampliar los supuestos como tampoco existió una para establecer los que existen. Desde que Colombia es una república el aborto siempre ha estado prohibido (incluso penalizado), nunca se ha aprobado por vía legal y todavía hoy la mayoría de la sociedad se opone a su práctica. ¿Por qué? Porque yo creo para la mayoría de los colombianos, como todavía hoy se afirma en los tratados internacionales de derechos humanos y la Constitución Política vigente, el derecho a la vida es inviolable y deben reconocerse los derechos inherentes e inalienables de todo ser humano, es decir, de toda persona. 

La mayor parte de la sociedad colombiana rechaza los cambios contra la vida y la familia que se están intentando introducir por la vía judicial, dejando de lado el poder legislativo.

Precisamente por eso, sabiendo eso, la despenalización parcial del aborto se dio por medio de un “litigio estratégico” ante la Corte Constitucional, minuciosamente planeado y financiado por organizaciones internacionales y contando incluso con una estrategia mediática. Y después de eso, lo que ha pasado –el tránsito del aborto como delito despenalizado en casos excepcionales y condicionados a un supuesto “derecho fundamental” y un servicio de salud de obligatoria y gratuita prestación pública- ha sido también por vía judicial o por medio de actos administrativos amparados, pues esto jamás creo que podría pasar por vía legal o por decisión del órgano legislativo. Incluso, una Sala de Revisión de la Corte llegó al punto de decir que, como esa corporación no había establecido un término para practicar el aborto, entonces nadie podía hacerlo o, en otras palabras, que el aborto puede hacerse en los nueves meses (tan poco le importó la vida humana e incluso la salud y la vida de la mujer gestante). 

Ahora tenemos que en una sentencia muy reciente, la T-532 de 2014, otra Sala de la Corte decidió instar al Congreso para establecer un término para resolver y tramitar las peticiones de aborto, así como para definir un término del embarazo en que pueda practicarse este mal llamado “procedimiento” (porque te digo que en realidad y es un asesinato). Creo que, en el escenario actual y cómo venían dándose las cosas, ese podría ser un mal menor. Sobre todo porque cada vez conocemos de más casos de médicos a quienes algunas ONG, jueces y autoridades pretenden imponer la obligación de certificar que el embarazo representa un riesgo para la salud o para la vida de las mujeres, o incluso, lo que es peor, de médicos y hospitales a quienes abiertamente se pretende imponer el deber de practicar abortos cuando las mujeres (o a veces incluso son más esas ONG) lo solicitan o desean, sin ninguna consideración sobre la salud de la mujer o del bebé, o sobre la salubridad del procedimiento (aun cuando, como lo reconoció la misma Corte en su última sentencia, esto en ocasiones exija cometer primero un “infanticidio” pues el bebé ya es completamente viable fuera del útero materno). Eso es una dictadura.

-Está presente en el debate actual sobre estos temas el papel de los tribunales constitucionales como legisladores “de facto”, sustituyendo la interpretación de los jueces a la voluntad del legislador original. ¿Cómo valora esta situación desde el punto de vista de la separación de poderes?

Simplemente me limitaría a decir que si en el artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, allá en 1789, se dijo que un Estado que no tienen separación de poderes y no reconoce los derechos humanos no tiene Constitución, entonces es claro lo que debe decirse de un Estado en donde la Constitución no dice sino lo que un tribunal de expertos y sabios entiende que dice y debe decir en cada tiempo (esa es la teoría de la “Constitución viviente”) y en donde ese tribunal es juez del legislador, del ejecutivo, de los jueces e incluso del mismo poder constituyente. Creo que fue alguno de los llamados padres fundadores de los Estados Unidos quien dijo que si la Constitución únicamente era lo que la Corte dijera, entonces ya no eran una sociedad libre sino una sociedad de esclavos. 

-Por último, ¿cree que es posible, en la conformación actual y misión de las cortes constitucionales en todo el mundo, mantener el vigor jurídico de la ley natural como instancia superior al derecho positivo?

-Creo que los debates sobre el aborto y sobre el matrimonio y la adopción homosexual, sobre las que usted me ha preguntado, son ocasión perfecta para hacerse esa pregunta. Es claro que existe hoy y, de hecho en cierta forma siempre ha existido (aunque tal vez hoy es más dramático), una gran distancia, una brecha, entre la realidad social y lo que las normas jurídica positivas dicen –que, para los positivistas, es la voluntad popular, y para los ius naturalistas, debe ser el reconocimiento del derecho natural-. 

Una distancia y, en ocasiones, casi una ruptura entre lo que dice la Constitución, lo que dicen los tratados internacionales de derechos humanos, lo que dice la ley y lo que la gente vive. Pero ante esa distancia, ¿cuál es el papel del juez y, específicamente, del juez constitucional? ¿Debe acercar la realidad al derecho (entendido como justo) o debe acercar el derecho (entendido como norma positiva) a la realidad? ¿Debe decirle a los ciudadanos: vivan como la voluntad popular dice que se debe vivir (en el positivismo) o como la razón reconoce que se debe vivir (en el ius naturalismo), porque es lo más justo, o debe en sus providencias simplemente ponerles un espejo a fin de decirles “así viven ustedes”, “ésta es su realidad”? Que, en pocas palabras, no es otra cosa que decir: vivan como quieran.

Aunque tal vez aquí ya esté la respuesta a su pregunta, me permitiría agregar: si antes el positivismo fracasó porque el hombre tuvo que reconocer, luego de grandes horrores, que no todo lo que diga la ley es derecho; tarde que temprano no podrá dejar pasar lo mismo cuando el ser humano, luego de otros grandes y tal vez peores errores (contrarios a la naturaleza humana y al bien común), advierta que el derecho no puede ser simplemente lo que las Cortes o los tribunales digan.

Fuente: Religión en Libertad

miércoles, 13 de mayo de 2015

El 73% de los colombianos está en contra de adopción gay

Una encuesta realizada por la firma Ipsos Napoleón Franco para la Revista Semana y RCN reveló que el 73% de los colombianos se opone a que las parejas del mismo sexo puedan revelar.

El estudio entrevistó a 1.335 personas de todo el país a propósito del tema, que en la actualidad es estudiado por la Corte Constitucional. A favor de la adopción gay se mostró el 24% de los encuestados, mientras que el 3 % restante no sabe o no contesta.

La Corte Constitucional rechazó el pasado 18 de febrero la adopción por parejas del mismo sexo, si bien mantuvo la opción de hacerlo cuando el niño es hijo biológico de uno de los dos.

Esa decisión siguió la línea de una resolución del Constitucional en agosto de 2014, cuando aprobó la adopción de una niña por parte de una mujer que es pareja sentimental de la madre biológica. Además, ya ha dado su visto bueno al derecho de los homosexuales a adoptar niños, pero de forma individual.

Tras estos antecedentes, el alto tribunal estudia desde hace meses la ponencia sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo, cuestión que registró un nuevo empate el pasado 7 de abril, cuando se votó una segunda demanda basada en el derecho de los niños a tener una familia.

Según establecen las normas internas de la Corte, en caso de que en la próxima reunión se produzca otro empate se recurrirá al voto de Jaime Córdoba, uno de los 18 conjueces elegidos al azar, algo que se espera que ocurra en los próximos días.

Fuente: Publimetro

domingo, 22 de febrero de 2015

Marc Anthony construirá orfanatos en Perú, Colombia y México

El cantante Marc Anthony anunció la construcción de orfanatos en México, Colombia y Perú. El cantante, quien fundó la Fundación Maestro Cares, ya ha abierto un albergue para niños en abandono en República Dominicana.

“En abril de 2014 inauguramos nuestro primer proyecto, un orfanato que alberga a más de 50 niños en República Dominicana. Nuestro segundo proyecto se encuentra actualmente en construcción en Barranquilla (Colombia), y tres nuevos proyectos están listos para su lanzamiento en 2015 en México, Perú y Puerto Rico”, indicó Henry Cárdenas, cofundador de Maestro Cares.

Es así como el cantante le devuelve al Perú tanto cariño brindado. Este nuevo proyecto fue anunciado en la cuenta oficial de Facebook de Fundación Maestro Cares.

Los seguidores de Marc Anthony podrán verlo en los Premios Lo Nuestro, evento que se realizará este jueves 19 de febrero. Durante la gala se otorgará el premio a la Trayectoria Musical, un homenaje a artistas con una carrera prolífica y exitosa, donde el cantante está nominado.

Fuente: EJU.TV

lunes, 15 de diciembre de 2014

En Colombia 8.000 menores esperan ser adoptados



Alexis Tenorio vivió su niñez y adolescencia sin saber la fecha en que nació. Pero el dato vino a importar el día en que sus compañeros de internado quisieron averiguar cuándo era su cumpleaños, pues querían que lo celebrara por primera vez. Buscaron en el archivo del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (Icbf) y concluyeron que se acercaba a la mayoría de edad.

Tenorio tenía apenas un mes cuando sus padres lo abandonaron en una calle de Cali. Cuando lo hallaron, lo llevaron a un hogar sustituto: una casa donde abundaban los golpes, los gritos y el hambre. Desde entonces, su vida no ha sido distinta a la de millones de colombianos. Se voló y pasó siete años entre basureros y ollas de vicio y ha debido vivir los últimos años en un ambiente institucional en vez de aquel que puede prodigar el calor de una familia.

Él hoy no cuenta con personas que pueda llamar papás: sus únicos referentes paternos son un defensor de familia del ICBF y un sacerdote de la Fundación Hogares Claret que lo ayudaron a dejar la droga, terminar el bachillerato y obtener una beca para ser profesional. Pero durante años, Tenorio esperó a que alguien lo tomara en adopción. Recuerda que a la casa sustituta llegaban familias buscando niños. “Yo cruzaba los dedos por la espalda para que me llevaran pero seguían derecho, por más cara de gatico velón que yo les hacía”, cuenta. Y cuando hubo interesados, las trabas legales le impidieron instalarse en un nuevo hogar.

Su caso refleja el drama de más de 8.000 menores en Colombia que esperan a que una familia los adopte. Todos reúnen las condiciones para ser dados en adopción y hay padres interesados, pero muchos quedan atrapados en un sistema de trámites tan engorrosos como absurdos que los obliga a esperar años para solucionar su situación.

La fuente del problema yace, según expertos consultados, en una sentencia de la Corte Constitucional de 2011, que obliga al Estado a adelantar “una investigación exhaustiva con la familia extensa”, antes de adelantar cualquier trámite de adopción. La decisión surgió de la preocupación de proteger a los niños y evitar que queden en manos de familiares o familias adoptivas que no pueden garantizarles una mejor vida. Pero terminó siendo contraproducente.



El caso que estudió la Corte tenía que ver con una niña de 9 años a quien su madre la había dejado con sus abuelos. Cuando la abuela murió, la menor pasó a vivir con unas tías abuelas que la golpearon, según testimonios, hasta con piedras. Una de ellas, una monja, la entregó al ICBF en 2003. El instituto la dio en adopción, pero lo hizo sin consultar a los bisabuelos, quienes, a diferencia de los otros familiares, sí estaban en la capacidad de cuidarla.

El fallo pasó desapercibido, hasta que en 2012 el programa Séptimo Día puso en la agenda la problemática de las adopciones, al emitir la serie ‘Niños made in Colombia’ sobre los dramas de algunos adoptados por extranjeros que, supuestamente, el ICBF les había arrebatado a sus padres. El programa generalizó una situación específica, descontextualizó la realidad de la adopción y recibió críticas de las  instituciones del sector. Pero las historias enfurecieron a la gente y encendieron un debate.

El ICBF, para zanjar los cuestionamientos, decidió acogerse a lo estipulado por la corte, cuyo concepto de “familia extensa” obligó a los funcionarios a buscar a los familiares de hasta sexto grado de consanguinidad, antes de dar a un niño en adopción. Hoy, la medida se ha convertido en una  piedra en el zapato de las adopciones. Ha hecho más compleja la labor de los defensores de familia y ha terminado por perjudicar a quienes la ley busca proteger: los niños. La lentitud de los procesos ha convertido la vida de miles de jóvenes en una espera y una tragedia interminable.

“Mis tíos eran abusadores”

Las cifras reflejan el drama. Entre 2010 y 2011, la cantidad de adoptados se había reducido en 10 por ciento, pero en el primer año tras la sentencia el número se fue en picada. De 2011 a 2012, las adopciones se redujeron a la mitad, pasando de 2.713 a 1.465. El año siguiente volvieron a caer, y solo hubo 1.125. La tendencia se mantiene hasta hoy y es grave, puesto que mientras las adopciones caen, las listas de niños que necesitan una familia engordan y hoy abarcan más de 8.000.

Hay quienes aseguran que la traba no es la sentencia, sino la protocolización que el ICBF hizo de ella. Una abogada, que trabaja para el Estado y pidió el anonimato, opina que la sentencia de la Corte no obliga a buscar familiares en sexto grado. “Esa fue la interpretación que ellos hicieron”, dice.

Pero casos como el de Camilo Estrada, un muchacho de 24 años de Medellín, muestran que el problema es más profundo, pues también los parientes cercanos pueden ser un riesgo. Estrada vivió el drama que a veces conlleva no poder ser dado en adopción y quedar en manos de familiares, con quienes, como dijo el genetista Emilio Yunis, “la relación familiar es la misma que hay entre dos completos extraños que se cruzan en la calle”.

“Lo del sexto grado resulta absurdo si se tiene en cuenta que el ICBF no está especializado en buscar personas”, dijo Estrada. “A mí, con el argumento de que conservaba mi familia biológica, nunca me pudieron adoptar”, dice Estrada, quien debió crecer con unos tíos que eran integrantes de una banda armada y estaban involucrados en el abuso sexual de menores. “A mí nunca me dieron en adopción porque yo tenía una familia. ¿Pero cuál era mi familia? Un ramillete de marihuaneros que me maltrataban”, cuenta.



Sabrina Drago, directora de la Corporación Amiga Joven, que atiende a menores víctimas de explotación sexual, está convencida de que la familia biológica no siempre es una garantía de protección. Según ella, en el grueso de los casos, las violaciones vienen de ahí. “Hay niñas abusadas por el abuelo, el padre, el tío. La adopción sería lo más recomendable”, dice.

Menos crítica, más acción

La adopción de niños es un tema espinoso en todo el mundo, pues toca una fibra sensible de la sociedad: la protección de los menores. En Estados Unidos, la opinión debate sobre la calidad de las casas sustitutas, y los españoles remedian los problemas de sus casas de adopción. Esos y otros problemas, naturales del manejo de adopciones, también acosan a Colombia. La misma Ley de Infancia y Adolescencia dice que la adopción no es ideal y la considera “un instrumento excepcional”.

Pero los expertos están de acuerdo con que a la hora de aplicarse es necesario seguir la ley y exigir ética y rigor a las instituciones con el fin de que la adopción se vuelva un tema popular entre la población. El estadounidense David Brodzinsky, el científico que más sabe de adopción en el mundo estuvo en Bogotá y dijo: “Yo sé que aquí todavía se manejan prácticas cuestionables. Y eso debe cambiar, pues solo así será posible convencer a quienes hacen las leyes que adoptar debe ser algo libre de tecnicismos y burocracias y así mismo una necesidad urgente de la sociedad”.

Los defensores de familia ven esto amenazado, pues no se sienten capaces de hacer el trabajo casi detectivesco de buscar familiares lejanos. Uno de ellos señaló que sus colegas ya no logran cumplir el “término ideal” de 15 meses entre el momento en que un niño es vulnerado y el momento en que es adoptado. Esto ha llevado a “casos extremos” donde se ha llegado a tener familias hasta siete años en lista de espera. “Son casos dolorosos”, dice. “Pasan por delante del derecho del niño a tener una familia”. Y tiene razón: a partir de los 5 años es difícil conseguir una familia, y a los 14 ya prácticamente no tiene opciones de ser adoptado.

Pero no solo las esperas vierten combustible sobre el drama, sino también los prejuicios de una sociedad que no se le mide a adoptar. Algunos sectores critican que cientos de niños terminen en familias extranjeras y no colombianas, pero olvidan un dato desconcertante: los colombianos no están interesados en adoptar. Y no lo hacen por razones diversas: quieren heredar su sangre, no quieren hijos de piel morena o no quieren adoptar a un niño víctima del conflicto armado o a uno con enfermedades o discapacidades. Según el ICBF, entre 2006 y 2014 han sido adoptados 3.634 niños, de los cuales solo una décima parte, es decir 305, están en familias colombianas. Los demás se fueron al extranjero.

Fuente: Semana

jueves, 9 de enero de 2014

Huérfanos de Colombia

Max Solorzano es un gringo que se quedó a vivir en Medellín con un propósito: no se va hasta construir una casa para más de 50 niños que por la violencia se quedaron sin padres.
En algún pueblo de Colombia, de aquellos sin pavimentar, que parecen solo figurar en el mapa de la guerra esta sentado Joshua, en la calle, llorando desconsolado. En sus ojos brilla la desesperanza como casi todos los días mientras espera a María, su mamá, una joven de 16 años víctima de abuso sexual por parte de su padre desde que tenía 10 años, que sale cada día a trabajar para poder alimentar a su hijo. Joshua tiene que permanecer solo, extrañándola, porque no tienen más parientes a quien acudir. Están solos.

Esta es solo una de las desgarradoras historias que se viven a diario en Colombia desde hace más de 50 años, pero fue suficiente para cautivar a Max Solorzano, un turista norteamericano que lleva varios años recorriendo el mundo y decidió establecerse en Medellín para ayudar a quienes están solos. Los huérfanos del conflicto armado colombiano.

Max llegó a Colombia hace tres años cuando una prima lo invitó a la feria de las flores. Entre las personas que conoció destaca una gran amiga suya, Andrea Aguilar, quien fue la que más le insistió para que viniera a la ciudad de la eterna primavera y quien más lo ha apoyado. “Eso fue hace tres años y acá estoy, yo pasó los años viajando pero siempre vengo a Medellín  por lo menos cinco meses. Ahorita estoy viviendo acá. Esta es la primera vez que pasó en un lugar tanto tiempo y aquí me voy a quedar hasta que termine este proyecto”.

Su proyecto llamado A “HOME” a sanctuary for forgotten Orphans (Un “HOGAR” un santuario para huérfanos Olvidados) se basa en recaudar fondos para construir una casa que albergue a 50 niños huérfanos de la Misericordia Medellín, una fundación sin fines de lucro que le da hogar a niños y niñas de todo el país desde hace 20 años. Max conoció la organización por un amigo de ascendencia coreana que también estaba de visita en Medellín.

Va a visitarlos dos o tres veces por semana, los acompaña al colegio, los lleva al parque y les ayuda con las tareas. Con el pasó de los días se fue ganando su confianza y empezó a conocer las historias que hay detrás de cada uno de los 23 niños y niñas que hoy están a diario en la organización. “Yo me enamoré, quedé asombrado”. Entonces hizo su primera brigada en Puerto Libertador, Córdoba donde conoció a Joshua.

Las historias de estos niños del hogar Misericordia le han enseñado lo afortunado que es. “Lo que  más me ha impactado es la historia de los niños, porque yo ignorante cuando era chico pensaba que era pobre pero no, estos niños no tiene mamá, papá, hermanos, no es que no tienen, se los quitan, me entiendes” y empieza a relatar las historias que le cuentan los niños cuando está con ellos. Uno vio como la guerrilla mataba a su madre cuando tenía ocho años, otro vio como su padre asesinaba a su madre y después se suicidaba y recuerda cuando le contó la historia “sentía su voz temblar, sus ojos aguados, y me impactó, este niño para mi era el más feliz” y continua relatando “yo le pregunté: ¿tu que eres tan alegre, tan feliz y tienes eso por adentro? Y el me respondió: Max, yo soy el héroe, el más feliz para todos los niños, pero cuando yo estoy solo, cuando voy a dormir, es cuando yo lo pienso, ahí es cuando me impacta, cuando lloro”.


Max comenzó haciendo asados, fiestas y hasta partidas de póquer en su casa y ponía una alcancía al lado de una pared con fotos de los niños y los voluntarios del hogar para que la gente se animara donar. Pero cada vez se necesitaba más plata en menos tiempo. Entonces creo una pagina web  (www.youcaring.com/nonprofits/a-home-a-santuary-for-forgotten-orphans/101085) con la intención de reunir 15 mil dólares para restaurar una casa que le donaron a la fundación para los 23 niños que hasta ahora hacen parte del proyecto y otros más que llegaran para el año siguiente y sumaran 50 en total.

“La directora ya va a cumplir como 20 años con ellos y la han secuestrado como 8 veces, la fundación es independiente, todos son voluntarios o misioneros, como la directora que vive allí y comparte el cuarto con otras 4 personas. Nadie gana un sueldo”.

La fundación fue creada por Enith Díaz, cuenta Cilia, voluntaria de la fundación y sobrina de Enith. El proyecto nació porque su tía veía la necesidad “pues si nadie se encarga de esto yo me encargo -dijo- y  se lanzó hace casi 35 años. Comenzó con los niños de la calle y ahora con los hogares va a cumplir 20 años” relata Cilia de lo que motivó a su tía. Ademas de los niños, una vez a la semana salen a repartir chocolate con pan y a hablar y aconsejar a los habitantes de la calle, los drogadictos y las prostitutas de Guayaquil, un sector del centro de la ciudad. También, tres veces al año hacen brigadas de salud a zonas vulnerables, como a la que asistió Max en Puerto Libertador.

De las brigadas de salud es donde resultan los niños que luego llegan a vivir al hogar en Medellín. “Traemos a los niños y empezamos un trabajo integral con ellos, les damos educación, alimentación, vestido, salud. Recibimos niños a partir de 3 años pero el proceso sigue hasta que terminen su bachillerato y cumplan la mayoría de edad, pero si ellos se quieren quedar con nosotros se puede. Hay unos que no tienen donde ir, no tienen familia -cuenta Cilia y añade- la labor va más allá de solo un techo, alimentación y educación. Tener aquí niños solo para darles comida no. Si no vamos a darles afecto no vale la pena tener niños. Aunque nadie puede ocupar el espacio de papá y mamá pero por lo menos intentamos jugar el papel”.

Entre los niños son como hermanos. Es solo entrar a la casa y verlos jugar juntos, ver televisión, compartir los juguetes, ir al parque o ayudarse entre ellos a hacer las tareas. “A Max los niños lo quieren mucho, es como un papá, nosotros lo amamos” dice Cilia. Y es así, apenas entra a la casa todos sonríen y se lanzan sobre el para abrazarlo. Los más pequeños quieren que los cargue, quieren jugar y mostrarle todo lo que son capaces de hacer. Hacen carreras en el corredor, se trepan en las vigas del patio, cualquier cosa es valida para que el los vea, los felicite o los aconseje.

Cuando se necesitan voluntarios para la construcción, Max va a todos los hostales que conoce en Medellín para invitar a otros viajeros a solidarizarse con la causa. También muestra su pagina web a todos sus contactos en todo el mundo, sobre todo a sus ex compañeros del ejercito norteamericano, así poco a poco va recaudando los 15 mil dólares que tiene como meta para invertir en la restauración de la casa. Por ahora, dos semanas después de haber creado la pagina acumula $2517 dólares.


“Lo importante es tener una casa donde descansar, donde llegar siempre. Si estos niños no tienen esto entonces a donde van?  Yo no me voy de aquí hasta no terminar la casa”. Es la promesa de Max.

Al salir de la casa suena el teléfono, Cilia se devuelve a contestar. A los pocos segundos reaparece encogiendo los hombros con una expresión de angustia que intenta disimular con una tímida sonrisa. “Era la inmobiliaria” dice.

Fuente: Las 2 Orillas